Las primeras referencias a este yacimientos se remontan al segundo tercio del siglo XIX, aunque no sería hasta el s. XX cando se hiciera una aproximación más científica a este importante enclave arqueológico. La primera actuación en El Palao se realizaría entre los años 1978 y 1985, centrando los trabajos principalmente en el sector occidental. Estos trabajos se han completado con campañas entre los años 2005 a 2011.
Las primeras ocupaciones del cerro se remontan al s VII a. C (I Edad del Hierro). Se ocupó una meseta con dominio visual sobre un extenso territorio, donde se fueron sucediendo ocupaciones a lo largo de la Edad del
Hierro hasta llegar a formar el gran oppidum en su época de mayor apogeo.
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Oppidum de El Palao
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El yacimiento se extiende en una meseta con dominio visual sobre un extenso territorio y, en su periodo de máxima expansión, El Palao ocupó más de 4 hectáreas de superficie con una población estimada que pudo llegar a 2.000 personas, constituyendo así uno de los enclaves urbanos de mayor tamaño del Bajo Aragón.